Hay momentos en la vida de cualquier ser humano en los cuales hay que tomar decisiones difíciles y arriesgadas si se quiere un futuro mejor que el presente que se vive. Uno de esos momentos invadió mi vida hace hoy aproximadamente un año, cuando decidí que era el momento de embarcarme en ese MBA que tanto se había paseado por mi mente durante años. Hoy he venido a contaros cómo sigue esa historia que empezó 12 meses atrás.

En primera instancia, no fue demasiado difícil para mí escoger una escuela de negocios, puesto que tenía dos requisitos indispensables que la elegida debía cumplir: ser una escuela de prestigio y con un buen nivel; y que no me hipotecase de por vida. Tras analizar con mucho detalle todas las opciones de la oferta nacional, que es muy amplia, decidí que el camino que más se adecuaba a mis prioridades pasaba por entrar en la Escuela de Organización Industrial (EOI) para realizar el MBA Part Time que oferta. El trato por parte de la escuela y de Ramón Gurriarán, el director del programa, fue exquisito en todo momento.

Hace algo más de un mes comenzaba el programa y desde entonces todo ha ido muy rápido. La carga de trabajo es elevada aunque asumible, si bien uno tiene que estar muy centrado si está trabajando y no quiere que el MBA le adelante por la derecha. En cuanto a mis compañeros, ¿qué decir? Una delicia. Hay mucho nivel en clase y todos y cada uno de ellos pueden sorprenderte en el momento menos esperado. Es por ello que estoy seguro de que todos ellos tendrán un futuro profesional brillante. No obstante, lo más destacable de mis compañeros es la ilusión que muestran en cada momento por mejorar, por aprender y por superarse en su desempeño, todo ello sin olvidar el compañerismo y el respeto por todos los demás. Este ambiente tan positivo ha creado un aire de confianza y de amistad que poco a poco se respira con más intensidad en nuestras clases y actividades. Simplemente por ello, la experiencia por ahora es inmejorable.


Tras un tiempo sometiendo a este espacio al abandono más absoluto, me dispongo a escribir sobre algo que me viene rondando la cabeza durante las últimas semanas. Quien me conozca, sabrá que soy un apasionado de la estrategia empresarial bien hecha que ayude a una empresa a alcanzar su excelencia. Es por ello que me fijo mucho en la manera de hacer las cosas de empresas españolas como Mercadona, Idealista.com (de cuyo modelo de negocio quizá me aventure a escribir algún día) y Blusens, pues todas ellas han sabido mezclar el agua y el aceite, resultando en un compendio de cosas bien hechas que terminan en un producto de primer nivel, de una forma viable muy beneficiosa desde el punto de vista económico.

Precisamente por lo que acabo de explicar me considero un religioso de la marca Apple. Los de Cupertino han sabido alcanzar la excelencia en todos los aspectos, ofreciendo productos maravillosos a sus clientes, que los consideran la viva imagen de calidad y perfección. Y todo ello, sin olvidar la viabilidad y rentabilidad económica, que han convertido a Apple en la primera empresa del mundo en capitalización bursátil del mundo. Pero, con permiso de Apple, si hay una empresa que ha ayudado a revolucionar el mundo de las nuevas tecnologías en los últimos 15 años, ésa es Google. A lo largo de la última década, Google revolucionó la manera de utilizar internet y rellenó de un modo muy loable decenas de pequeños agujeros que lastraban la experiencia de usuario en la red. Apareció así el archifamoso buscador que da nombre a la empresa, que pronto se hizo con el dominio del negocio gracias a su rapidez y exactitud. Su negocio verdadero, de todos modos, era (y sigue siendo) el de la publicidad. A cambio de mostrarte lo que tú buscabas, Google insertaba anuncios relevantes relacionados con la búsqueda que pudieran resultar de interés. Por cada click en uno de esos anuncios o enlaces patrocinados, la compañía de Mountain View ganaba dinero.


Malos tiempos para la lírica. Nuestro país atraviesa una convulsa situación económica que lo ha puesto contra las cuerdas en el terreno internacional, con esos malditos mercados acechando, pidiendo, exigiendo, obligando, recortando. Las causas a corto plazo que han propiciado esta situación las venimos comentando durante los últimos meses, pero existen otras causas más difusas y de mayor largo plazo que han jugado también un papel fundamental para que España juegue el papel de partenaire con honores en la partida de ruleta rusa a la que estamos asistiendo. Uno de estos motivos fundamentales, que viene de largo, es el grave problema que inunda la educación en este país a todos los niveles. A lo largo de este artículo trataré de echar un poco de luz sobre la verdad del sistema universitario español, rascaré un poco en las vergüenzas que lo pueblan y lo someteré a la cruda realidad de mirarse en el espejo.


Crisis del euro.
La crisis del euro acecha a España.

La galopante crisis económica que ha venido sufriendo el mundo y concretamente Europa en los últimos años ya no sólo afecta a los ciudadanos, que ven cómo pierden sus pisos, sus empleos, su dignidad. La espada de Damocles se cierne estos días sobre dos de las cinco economías más potentes de la Europa del Euro, como son Italia y España. Los mercados acosan con fuerza a estos dos países, que parecen ser los siguientes en la sucesión de Islandia, Irlanda, Grecia y Portugal. A lo largo del presente artículo, trataré de analizar desde mi punto de vista lo que está sucediendo y las consecuencias que puede tener, sobretodo para nuestro país, España. Me gustaría destacar de nuevo antes de empezar que se trata única y exclusivamente de un análisis personal, basado en mucha información, eso sí, pero propio y falible. Espero que sirva para despertar algunas mentes, aclarar algunas ideas y generar muchas inquietudes.


Steve Jobs, descansa en paz.

Surfeando por la red, me encontré con un artículo escrito por un hombre llamado Guy Kawasaki, que ocupó en su día un puesto como hombre fuerte de Apple, a las órdenes de Steve Jobs. Es por ello que resulta muy interesante la visión que este hombre tiene del que para muchos ha sido un visionario que ha revolucionado el mundo de la tecnología durante las últimas décadas. Así pues, Guy Kawasaki nos muestra las enseñanzas empresariales más especiales que aprendió de Steve Jobs, distribuídas en doce puntos que listo a continuación:

1. Los expertos no dan una.

Los expertos, ya sean periodistas, analistas, consultores, banqueros o gurús no pueden hacer nada de manera efectiva, así que se dedican a aconsejar. Pueden decirte, efectivamente, qué problemas tiene tu producto, pero ellos no son capaces de diseñar un gran producto por sí mismos. Pueden ilustrarte sobre cómo vender algo, pero no sabrían venderlo ellos mismos. Pueden aconsejarte sobre cómo formar equipos de trabajo extraordinarios, pero lo cierto es que no son capaces de controlar ni a sus secretarias. Por ejemplo, una vez un experto nos dijo que uno de las grandes limitaciones de Macintosh allá por mediados de los 80 era que no disponía de un driver para impresoras de margarita. Otro consejo que nos dieron fue que comprásemos Compaq. En definitiva, está bien oír a los expertos, pero no siempre hay que escucharles.


Xavier Verdaguer

Nos pasamos toda nuestra vida inmersos en una especie de carrera prefijada de cuyo recorrido no nos podemos o debemos salir. Desde que llegamos por primera vez a la escuela, no levantando dos palmos del suelo, se nos imparten clases magistrales que nosotros tenemos que aprender religiosamente para poder demostrarlo algún día en un eventual examen. A medida que crecemos, esto se hace más acusado ya que aumenta la especialización del estudiante y del profesorado en una rama muy determinada del conocimiento. Salirte del redil, de lo pactado, de lo prefijado, de lo planificado en el programa, sólo tiene una consecuencia directa: el suspenso. Hago esta reflexión para soportar la siguiente aseveración: la sociedad y la educación de éste nuestro país penalizan la excelencia, la creatividad y las ganas de innovar. Penalizan aquello que no está cortado por el patrón de lo común y lo general. No es casualidad que las personas más creativas sean los niños, que sueñan con seres alados por la ciudad y ansían conocer esos rincones mágicos rodeados de maravillas que la mayoría de los adultos han dejado aparcados en viejos y olvidados cuadernos. Pero esos niños se irán haciendo mayores, y se verán contaminados por los vicios de un sistema que pretende encasillarlos y encuadrarlos en una pauta común por la que todos han de moverse si quieren llegar a algo en esta vida.

Bien, expuesto el problema de fondo que identifico, me acerco a este espacio para presentar una iniciativa muy interesante de un profesional como la copa de un pino llamado Xavier Verdaguer. Tras un comienzo meteórico en el mundo empresarial, este emprendedor dejó nuestro país en busca de su sueño y vive desde hace 3 años en Silicon Valley. Allí montó una empresa de indumentaria inteligente con un futuro muy prometedor, llamada Innovalley. Para que os hagáis una idea, yo conocía la empresa de Xavi porque había inventado un tipo de calzado que se comunicaba con el GPS de tu iPhone de tal modo que no tenías que ir mirándolo constantemente si querías llegar a un sitio, sino que tu calzado te iba guiando a lo largo de tu recorrido, de tal modo que cuando hubiera que girar, el zapato del lado hacia hubiese que girar haría vibrar la suela para que tú te percatases. Una muy buena idea que parece obvia cuando alguien la presenta, pero que muy pocos son capaces de presentar. Y eso no ha sido lo único fascinante que se le ha ocurrido a este emprendedor. Sigan leyendo …


Steve Jobs, descansa en paz.

Se ha ido. Mejor dicho, se lo han llevado. Ha muerto el que para mucha gente a lo largo del mundo ha representado el máximo exponente de cualidades tan importantes para un ser humano como la superación, la innovación, la visión empresarial, la oratoria … La brillantez. Nos ha dejado alguien que, permítaseme la expresión, agarró al mundo de la informática por la solapa de su traje y lo zarandeó. Lo zarandeó tanto, que lo revolucionó. Lo convirtió en algo que pocos hubieran imaginado antes de que Steve asomase su cabeza por la puerta del garaje donde comenzó a dar sus primeros pasos junto a Steve Wozniak. No podría dejar que pasara este día sin asomarme yo también a mi ventana personal para brindarle mi más sincero adiós.

No ha sido una persona cualquiera, a quién pretendemos engañar. Ha sido una persona con un exquisito Don, un profesional que guardaba en su interior a ese maldito duende que hace que nunca te pares, que mires hacia delante, que innoves, que pruebes. ¡Que luches! Y vaya si luchó … Comienza su historia allá por 1955, cuando Steve se encontraba en el vientre de una madre que no lo deseaba. Fue entregado en adopción a una familia muy humilde, con la única condición de que algún día fuese a la universidad. Y así fue. Años más tarde, Jobs ingresó en la universidad a comenzar unos estudios que pronto dejaría por no sentirse motivado para ellos. Comenzó a aprender más y más de aquello que le apasionaba: la informática de usuario, la experiencia frente al computador. Y de ese esfuerzo brotó un manzano. Un manzano que, con cariño y dedicación, llegó a dar la manzana más importante desde el inicio de los tiempos tras la manzana de Eva y la de Newton. Nacía Apple.


El arte de la guerra en los negocios

Con un retraso un poco mayor del previsto, he encontrado un rato libre para escribir la segunda parte de mi análisis de El arte de la guerra desde un punto de vista empresarial. En la primera parte, analizaba los fundamentos del libro, citando alguna de sus ideas básicas y enlazándolas al mundo empresarial, demostrando de algún modo que la estrategia militar plasmada en las enseñanzas de Sun Tzu son proyectables a empresas conocidas por todos nosotros.

En esta segunda entrada, realizaré un vuelo de reconocimiento sobre la obra, que consiste en la preparación para la contienda a lo largo de una serie de fases o actividades. Surcaré algunas de ellas trazando las finas líneas que lo unen al mundo empresarial, con lo que espero crear la curiosidad en el lector para que se atreva a sumergirse en el libro y buscar todos los secretos que guarda.


El arte de la guerra en los negocios

La naturaleza humana tiende siempre a asimilar la idea errónea de que el progreso ha llegado a su momento álgido el día que nacimos, y que los avances que están por venir, son mayores en número e importancia a los que ya se han logrado. Efectivamente, en los últimos siglos hemos asistido a una explosión de avances significativos en ciencia, tecnología, medicina y, cómo no, en ciertas ramas de las humanidades. Sin embargo, siguen existiendo avances cruciales que se produjeron en hitos temporales inmemoriales que, aún a día de hoy, no han conseguido ver ensombrecida su grandeza. Uno de esos avances significativos que se produjeron en la antigüedad y que sigue vigente en nuestros días es El arte de la guerra, un libro de estrategia militar de casi 3000 años de antigüedad que, por su perfección y claridad, es aplicado en nuestros días no sólo en el ámbito original sino también en algunos otros entornos. Concretamente, a lo largo de este artículo trataré de introducir la importancia de este libro en la actualidad desde el punto de vista empresarial.


Carta de motivación

No es la primera vez en este espacio en el que me decido por hablar de los pasos que preceden a la obtención de un puesto de trabajo, de los pasos que decidirán hasta qué punto una solicitud destaca por encima del resto a los ojos de los responsables de selección de personal. Uno de los documentos más importantes, pero no el único, es el Currículum Vitae, para el que dediqué dos entradas hace escasas semanas. No menos importante que éste, es la carta de motivación o cover letter que lo suele acompañar. A lo largo de este artículo trataré de estudiar la importancia de una buena carta de motivación, y aportaré unas ideas sobre su posible estructura.