Bifurcación de caminos
A veces la vida nos planta dos caminos ante nosotros.
Y no hay manera de evitar la decisión.


Comenzaré con un poco de historia personal: no soy un ingeniero informático al uso. ¿A quién pretendo engañar? En ocasiones me digo a mí mismo que adecuarse y acercarse al patrón por el que se corta la mayor parte del género de mi profesión no es tan malo. Trato de convencerme de que destacar no es lo más aceptado en esta sociedad en que nos movemos, y me animo a echar la vista atrás para tratar de reubicarme en ese lugar del que algunos dicen que no debo salir. Sin embargo, y aún no consigo comprender el verdadero por qué, todo queda en buenas intenciones que se desvanecen a las primeras de cambio por ese maldito duende que habita dentro de algunos. Ese duende que hace que siempre te estés haciendo preguntas; que te entren dudas al mismo tiempo que asienten todos los que te rodean; que protestes por encima de la voz colectiva cuando crees que algo no marcha bien. En definitiva, ese duende que te mueve, que hace que quieras conocer por ti mismo lo que la vida depara por mucho que algunas veces los consejos, incluso propios, remen en otra dirección.

En el terreno de lo profesional, ese maldito duende hace que siempre me marque metas que todavía no he alcanzado y que, a priori, parecen difíciles de alcanzar. A todos aquéllos que crean que tienen ese duende, o que piensan que quizá lo puedan encontrar, les brindo unos pocos ejemplos de cómo ha actuado conmigo:

Atribuyo a ese maldito duende que un cómodo día de febrero de 2010 rompiera con mi vida previa ante los gritos de histeria de los que me rodeaban, para decidir marcharme a Suecia a hacer un proyecto fin de carrera distinto que el que ya tenía prácticamente terminado en España. No fueron días fáciles: me encontraba a pocos meses de terminar mi carrera en los 5 años exactos que duraba, tenía trabajo y eso me proporcionaba un dinero que muchos chicos en mi situación no tenían. Tenía una vida cómoda. Sin embargo, ese maldito duende me dijo que algo no iba bien, que no era eso lo que yo quería. Del día a la mañana abandoné mi proyecto fin de carrera y solicité una plaza Erasmus para irme a hacerlo a una de las mejores universidades de Europa como es la Chalmers University of Technology (Göteborg, Suecia). He de reconocer que sentí miedo. Sentí miedo de equivocarme, de perder un año, de dar un paso en falso, pero seguí adelante con el apoyo de algunos amigos y en contra de la mayoría de la gente que me rodeaba. Pero, sin duda y por encima de todo, gracias a ese maldito duende, que me dijo que ése era el paso que yo quería y debía tomar; que el comienzo del resto de mi vida empezaba en esa decisión.

Chalmers University of Technology
Entrada principal de la Chalmers University of Technology.


Llegué a Suecia. Solo, en un país diferente con una cultura hostil, por mantener la educación de mis palabras. Me aterraba, tras muchos años estudiando y trabajando al mismo tiempo, la idea de pasarme dos años simplemente estudiando un máster en Suecia. Un ingeniero al uso hubiera aceptado el rol por defecto, el rol que la vida le brindaba ya una vez la locura de irse a Suecia estaba consumada. Un ingeniero gobernado por ese maldito duende se sentía aterrado ante esa posibilidad. Necesitaba otras ocupaciones, otras fronteras, otras metas. Fue entonces cuando la suerte que a veces tenemos aquéllos que buscamos la suerte en la vida puso ante mí al CEO de una de las empresas líderes en supercomputación de toda Escandinavia: Gridcore AB. Y así fue como entré como Ingeniero de Sistemas en Gridcore AB, empresa a la que estaré siempre agradecido por la oportunidad que me brindó y por la responsabilidad que me otorgó. Allí aprendí a tratar con clientes a nivel internacional. Allí aprendí a impartir presentaciones didácticas a futuros compradores para ensalzar las bondades de nuestros productos. Allí, en resumen, pegué el estirón como ingeniero. Y como diría el maestro Sabina, «crecí volando y volé tan deprisa que hasta mi propia sombra de vista me perdió».

El proyecto fin de carrera había quedado atrás, terminado en diciembre de 2010. Seguía como estudiante de ese máster tan increíble en «Software Engineering and Technology» y seguía creciendo como profesional a pasos agigantados en Gridcore, donde conservo algo más que amigos. Y así fue hasta que, sin descolgar previamente el teléfono, ese maldito duende volvió a llamar a mis puertas. El máster no había terminado y mi puesto en Gridcore ascendía en responsabilidades e interés, pero sentía que era momento de dar un paso más.

Ericsson
Headquarters de Ericsson en Estocolmo.


Nuevamente, la suerte que a veces tenemos aquéllos que buscamos la suerte en la vida puso en mi camino a un team leader de Ericsson en el entorno de una feria de empleo que toma lugar en la Chalmers University of Technology una vez al año. Mantuve una agradable conversación con él durante unos 20 minutos. Quizá, de los espacios de 20 minutos consecutivos más importantes de mi vida. Aquel hombre, cuyo nombre obedece a las siglas N.G., escuchó mis deseos y necesidades vitales y acabó por animarme a que presentase una solicitud formal de empleo a través de la página web de Ericsson. Acto seguido, eufórico, me fui a casa y sentí esa extraña sensación que os contaba al principio de esta historia. Esa sensación que me dice que me pare, que mire atrás, que mire lo que poseo, que no quiera mirar más allá. Que me acomode. La sensación surgió justo antes de pulsar el botón del formulario para enviar la solicitud de trabajo en Ericsson. Me invadieron pensamientos como que era demasiado joven para un puesto de ese calibre, que nunca podría entrar en una compañía como Ericsson (líder mundial de su sector, muy de largo), al mismo tiempo que los nombres de las decenas o cientos de ingenieros de primer nivel con los que iba a competir por un puesto pasaban por delante de mis ojos como si de una marquesina se tratase. Apagué el ordenador y me tumbé en cama. Fue por poco tiempo. Ese maldito duende hizo su trabajo, me pidió que me levantara y que hiciera, con pasión y confianza, lo que ambos sabíamos que me tocaba hacer. El resto de la historia lo sabéis: hoy trabajo en Ericsson como Ingeniero de Diseño de Software en uno de los productos centrales de las redes de telefonía móvil y fija. Si no fuera por ese maldito duende, si hubiera aceptado el rol que la vida tenía preparado para mí como estudiante de ese máster y como ingeniero de sistemas en Gridcore AB, hoy no estaría donde estoy. No digo que fuera a estar mejor o que fuera a estar peor. Simplemente, no estaría donde estoy.

Ericsson
Ericsson, compañía líder en el mundo al servicio de miles de millones de usuarios.


Algunos dirían (y de hecho me dicen) que con 23 años he tocado el techo en lo profesional. Acepto que dispongo de un puesto que muchos desearían, y eso no hace sino que me sienta orgulloso de haber sabido canalizar y seguir los instintos que siempre me han guiado y traído hasta este punto de mi vida. Hoy vivo en Madrid, con una novia maravillosa que me quiere y un grupo de amigos que no me merezco, por su sencillez y cercanía. Tengo un buen trabajo, un buen sueldo y un buen horario muy flexible que me permite realizar todas y cada una de las actividades que me propongo y cumplir con todos y cada uno de los hobbies que tengo. Muchos, en mi situación, se sentirían plenamente realizados, bajarían los brazos, lucharían por mantener su puesto de trabajo y disfrutarían de la vida mientras las condiciones mencionadas se pudieran mantener. En otras palabras, si ese maldito duende existiese en sus entrañas, probablemente dejarían que se apagase su voz. Doy por bueno este artículo si los que hayan llegado hasta aquí son capaces de adivinar cuál es mi postura ante todo esto: ¿Es momento de dejar que la voz de ese maldito duende se apague? Rotundamente, pienso que no.

Y así llegamos al nacimiento de este blog, un espacio escrito a cuatro manos, con la aportación de un servidor y de ese maldito duende que habita en su interior. Para los que disfruten de mis artículos, intentaré ayudar a despertar a ese maldito duende que llevan en sus interiores. Porque solo él sabe qué queréis realmente hacer de vuestras vidas. Porque sólo él sabe realmente qué camino tomar.


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19 thoughts on “Ese maldito duende

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