Tras un tiempo sometiendo a este espacio al abandono más absoluto, me dispongo a escribir sobre algo que me viene rondando la cabeza durante las últimas semanas. Quien me conozca, sabrá que soy un apasionado de la estrategia empresarial bien hecha que ayude a una empresa a alcanzar su excelencia. Es por ello que me fijo mucho en la manera de hacer las cosas de empresas españolas como Mercadona, Idealista.com (de cuyo modelo de negocio quizá me aventure a escribir algún día) y Blusens, pues todas ellas han sabido mezclar el agua y el aceite, resultando en un compendio de cosas bien hechas que terminan en un producto de primer nivel, de una forma viable muy beneficiosa desde el punto de vista económico.

Precisamente por lo que acabo de explicar me considero un religioso de la marca Apple. Los de Cupertino han sabido alcanzar la excelencia en todos los aspectos, ofreciendo productos maravillosos a sus clientes, que los consideran la viva imagen de calidad y perfección. Y todo ello, sin olvidar la viabilidad y rentabilidad económica, que han convertido a Apple en la primera empresa del mundo en capitalización bursátil del mundo. Pero, con permiso de Apple, si hay una empresa que ha ayudado a revolucionar el mundo de las nuevas tecnologías en los últimos 15 años, ésa es Google. A lo largo de la última década, Google revolucionó la manera de utilizar internet y rellenó de un modo muy loable decenas de pequeños agujeros que lastraban la experiencia de usuario en la red. Apareció así el archifamoso buscador que da nombre a la empresa, que pronto se hizo con el dominio del negocio gracias a su rapidez y exactitud. Su negocio verdadero, de todos modos, era (y sigue siendo) el de la publicidad. A cambio de mostrarte lo que tú buscabas, Google insertaba anuncios relevantes relacionados con la búsqueda que pudieran resultar de interés. Por cada click en uno de esos anuncios o enlaces patrocinados, la compañía de Mountain View ganaba dinero.

Y así nació el gigante de la red que hoy conocemos. Click tras click, dólar tras dólar, Google se erigió en amo y señor de las búsquedas en internet y, paularinamente, de otros servicios. Con el tiempo, salió Google Maps y con él la posibilidad de pasar a mostrar enlaces patrocinados de una forma geolocalizada, que abrió todavía más el abanico: ahora los establecimientos podían ubicarse y publicitarse en Google Maps, de tal modo que cuando un usuario pulsase sobre ellos, el establecimiento ganaba un nuevo posible cliente, mientras Google inundaba sus arcas. En definitiva, un negocio de publicidad sostenido, viable y basado en productos novedosos y de calidad que rellenaban huecos en la vida de los usuarios de internet. Google había encontrado la gallina de los huevos de oro. Sin embargo, ¿qué sucede de un tiempo a esta parte? ¿Sigue Google llevando a cabo las prácticas que lo llevaron a la cima de negocio? En mi humilde opinión, no. Y aquí estoy para explicarlo.

Si analizamos con detenimiento qué productos tiene Google que sean de uso masivo en la red, no es difícil que nos salga una lista bastante larga: Google Search, Gmail, Google Maps, Google Earth, … Acepto sugerencias. Ésta pregunta acerca sobre qué productos de Google nos resultan imprescindibles en el día a día se la formulé a un buen grupo de amigos y conocidos, y las conclusiones hablan por sí solas. De todas las ocurrencias, alrededor del 80% de los productos mencionados fueron presentados hace más de cuatro años, léase Google Search (1997), Gmail (2004), Google Maps (2005), Gtalk (2005), Google Earth (2005), YouTube (2005, comprado por Google en 2006), Google Street View (2007) … Y podría seguir. Sólo un producto de la compañía que es ampliamente utilizado por la gente ha sido presentado durante los últimos cuatro años: Google Android (2008).

¿Qué pretendo decir con todo esto? Que Google tiene un problema muy serio. La compañía de Larry Page y Sergey Brin tiene en sus filas a más de 30.000 empleados de primer nivel que recluta gracias a sus procesos de selección que pueden llegar a durar meses. Con estos más de 30.000 empleados de la élite del sector, Google saca decenas de productos al año, salidos directamente de sus Google Labs que, en un alto porcentaje, son condenados al olvido nada más ser presentados. Además, muchos de los grandes proyectos en los que Google puso mucho empeño, dinero y bombo en los últimos años no han sido sino un fiasco: Google+ y Chrome OS sirven de ejemplo. En otras palabras, la compañía que otrora llevaba a cabo un proceso de innovación constante que producía software de uso final ampliamente aceptado (fíjense sino en los años de presentación de sus grandes productos que puse arriba) hoy es incapaz de sacar un sólo producto importante en un lustro. Es más, el único producto de masas presentado en los últimos años ha sido su sistema operativo para móviles, Android, fue presentado después de que Apple sacase su exitoso iPhone para intentar comerse parte del pastel, algo que han hecho muy bien. De todos modos, no deja de ser una copia afuncional, lenta y de desesperante falta de fluidez, que necesita un hardware ocho veces más potente que la competencia para que no afloren las vergüenzas de su software. Y, aún aceptando que haya gente a la que le guste, lo que es incontestablemente cierto es que la compañía que en su día revolucionó las búsquedas por internet, que presentó los mapas que tanto necesitábamos, que nos ofreció el mejor cliente online de correo del mercado, hoy no hace sino copiar ideas de negocio para sacar un sólo producto exitoso en un lustro.

Mi exposición es, pues, que Google ha perdido su seña de identidad y ha dejado de llevar a cabo un proceso de innovación constante que toda empresa de ese tipo necesita para seguir en su posición dominante. En mi opinión, la dirección que Google ha tomado puede terminar por tumbarla en el futuro, como ha ocurrido con otros grandes que se olvidaron que innovar de forma constante y sostenida era la clave del éxito, pues logros pasados nunca soportarán a los logros futuros si no se sigue reforzando la base. Si alguien duda de que esto pueda suceder, le recomiendo que lea los casos de de Nokia, Kodak y especialmente HP, empresa alrededor de la cual nació la que hoy es la cuna del desarrollo tecnológico: Silicon Valley. Si Google quiere terminar de otro modo todavía tiene la opción de deshacer pasos y utilizar sus mareantes ingresos para seguir generando productos que rellenen los huecos que todavía tenemos los usuarios de la mejor forma posible. Si eso sucede, Google ganará, y ganaremos todos los que hemos disfrutado de su trabajo. De otro modo, terminará por caer.


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6 thoughts on “Reflexiones sobre el modelo de negocio de Google

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