Como comentaba en mi entrada previa, el último proyecto en el que decidí embarcarme durante mi tiempo libre fue la realización de un Master in Business Administration (MBA) en la Escuela de Organización Industrial (EOI), sobre el que comentaba meses atrás mis primeras impresiones. Ya con más perspectiva, vuelvo a éste mi espacio a escribir sobre la experiencia completa y sobre mis conclusiones sobre la misma.

Decía un profesor del programa que hay tres motivos distintos para querer hacer un MBA:

1) Tener un nuevo título para engrosar el currículum.
2) Adquirir una serie de competencias técnicas para mejorar profesionalmente.
3) Afrontar el MBA como una experiencia de transformación personal y profesional que resulte en un cambio profundo en la forma de ver la vida y los negocios.

Sobre la primera, mi profesor decía (y coincido con él plenamente) que es triste invertir tanto tiempo y dinero en algo tan simple como comprarse un título. Seguramente, ahorrándose el tiempo y por una módica cantidad de dinero se podría lograr el mismo resultado. En cuanto a la segunda, es loable y, sin duda, más interesante que la primera, pues dará como resultado el conocimiento de nuevas disciplinas que pueden ayudar a resolver problemas futuros. Pero, sin duda, la forma más interesante de afrontarlo es aquélla en la cual un MBA significa un punto de inflexión, un antes y un después a partir del cual no volverás a ser lo mismo ni como persona ni como profesional, sea cual sea tu especialidad. De hecho, la especialidad se diluirá, pues pasarás a ver las cosas desde un punto de vista muy diferente, que derribará los muros que existen entre funciones y sectores que, previamente, parecían incomunicados para ti.

Pues bien, puedo asegurar que un MBA es idóneo para lograr la transformación integral que comento previamente, siempre y cuando estés dispuesto a invertir todo lo posible en ello, en tu futuro. Y no, no me refiero a dinero, pues eso es lo último que importa. Me refiero a dedicar tiempo a subirte al carro del cambio y cruzar sobre él un año muy difícil pero lleno de experiencias y sensaciones.

Sin duda, durante el MBA aprenderás sobre estrategia, finanzas, marketing, innovación en modelos de negocio y operaciones, entre otras cosas. Pero para mí lo más importante es la capacidad que tal esfuerzo brinda para aprender muchas cosas sobre uno mismo, sobre lo que es capaz de hacer y sobre aquello que será mejor dejar para otros que son mucho mejores que tú. En definitiva, un MBA te ayuda a aprender sobre la realidad de los negocios y cómo tú puedes influir decisivamente sobre ellos, así como sobre la necesidad de rodearse de personas más brillantes que tú para poder hacer cosas increíbles. Y es que, como decía otro profesor y amigo, si el hombre ha sido capaz de llegar a la Luna con mucha menos tecnología y capacidad de la que tenemos hoy, ¿de qué será capaz la humanidad del siglo XXI si de verdad se lo propone y encuentra un objetivo?

Creo que en mis palabras se puede leer que soy un gran defensor de la posibilidad real que tienen este tipo de Másters para llevar a cabo una profunda transformación en las personas que los cursan. Me gustaría precisar, no obstante, que no es el Máster el que te da esa transformación, sino que será tu propio esfuerzo el que se encargue de eso. Por tanto, dicha transformación sería posible sin un MBA, pero éste se trata de un canal y vehículo inmejorable para hacerlo en un marco de formación orientada a tal efecto.


Desde mi humilde punto de vista, la experiencia no ha podido ser más gratificante. Puedo asegurar que sí me siento una persona muy diferente a la que hace más de un año estudiaba los diferentes programas existentes, mucho más preparado y con muchas más ganas de seguir caminando y afrontando nuevos retos. Sólo por ello, el MBA ha valido cada euro que ha costado y cada hora que le he dedicado, que han sido muchas.

El resultado personal, también ha sido realmente bueno, pues he sido elegido como el mejor alumno del año en el área de Business Management de la EOI, que engloba varios programas de MBA (MBA Part Time, MBA Full Time, Global MBA). Desde aquí, mis más sinceros agradecimientos a profesores, compañeros, familiares y amigos, pues sin ellos esta transformación no hubiera sido posible. Os dejo a continuación el video del Acto de Clausura 2013, donde se me hace entrega del premio. Mi discurso se encuentra a partir del minuto 51:45.

Y tras haber conseguido este importante objetivo, toca seguir caminando y aprendiendo para sentirse vivo. Por ello, a partir de ahora me tomaré un tiempo de descanso para escribir cosas y aclarar ideas, para volver posteriormente con fuerza a este espacio, al que pretendo darle continuidad. Por tanto, nos leemos en las próximas semanas. Salud y suerte.


Hay momentos en la vida de cualquier ser humano en los cuales hay que tomar decisiones difíciles y arriesgadas si se quiere un futuro mejor que el presente que se vive. Uno de esos momentos invadió mi vida hace hoy aproximadamente un año, cuando decidí que era el momento de embarcarme en ese MBA que tanto se había paseado por mi mente durante años. Hoy he venido a contaros cómo sigue esa historia que empezó 12 meses atrás.

En primera instancia, no fue demasiado difícil para mí escoger una escuela de negocios, puesto que tenía dos requisitos indispensables que la elegida debía cumplir: ser una escuela de prestigio y con un buen nivel; y que no me hipotecase de por vida. Tras analizar con mucho detalle todas las opciones de la oferta nacional, que es muy amplia, decidí que el camino que más se adecuaba a mis prioridades pasaba por entrar en la Escuela de Organización Industrial (EOI) para realizar el MBA Part Time que oferta. El trato por parte de la escuela y de Ramón Gurriarán, el director del programa, fue exquisito en todo momento.

Hace algo más de un mes comenzaba el programa y desde entonces todo ha ido muy rápido. La carga de trabajo es elevada aunque asumible, si bien uno tiene que estar muy centrado si está trabajando y no quiere que el MBA le adelante por la derecha. En cuanto a mis compañeros, ¿qué decir? Una delicia. Hay mucho nivel en clase y todos y cada uno de ellos pueden sorprenderte en el momento menos esperado. Es por ello que estoy seguro de que todos ellos tendrán un futuro profesional brillante. No obstante, lo más destacable de mis compañeros es la ilusión que muestran en cada momento por mejorar, por aprender y por superarse en su desempeño, todo ello sin olvidar el compañerismo y el respeto por todos los demás. Este ambiente tan positivo ha creado un aire de confianza y de amistad que poco a poco se respira con más intensidad en nuestras clases y actividades. Simplemente por ello, la experiencia por ahora es inmejorable.


Tras un tiempo sometiendo a este espacio al abandono más absoluto, me dispongo a escribir sobre algo que me viene rondando la cabeza durante las últimas semanas. Quien me conozca, sabrá que soy un apasionado de la estrategia empresarial bien hecha que ayude a una empresa a alcanzar su excelencia. Es por ello que me fijo mucho en la manera de hacer las cosas de empresas españolas como Mercadona, Idealista.com (de cuyo modelo de negocio quizá me aventure a escribir algún día) y Blusens, pues todas ellas han sabido mezclar el agua y el aceite, resultando en un compendio de cosas bien hechas que terminan en un producto de primer nivel, de una forma viable muy beneficiosa desde el punto de vista económico.

Precisamente por lo que acabo de explicar me considero un religioso de la marca Apple. Los de Cupertino han sabido alcanzar la excelencia en todos los aspectos, ofreciendo productos maravillosos a sus clientes, que los consideran la viva imagen de calidad y perfección. Y todo ello, sin olvidar la viabilidad y rentabilidad económica, que han convertido a Apple en la primera empresa del mundo en capitalización bursátil del mundo. Pero, con permiso de Apple, si hay una empresa que ha ayudado a revolucionar el mundo de las nuevas tecnologías en los últimos 15 años, ésa es Google. A lo largo de la última década, Google revolucionó la manera de utilizar internet y rellenó de un modo muy loable decenas de pequeños agujeros que lastraban la experiencia de usuario en la red. Apareció así el archifamoso buscador que da nombre a la empresa, que pronto se hizo con el dominio del negocio gracias a su rapidez y exactitud. Su negocio verdadero, de todos modos, era (y sigue siendo) el de la publicidad. A cambio de mostrarte lo que tú buscabas, Google insertaba anuncios relevantes relacionados con la búsqueda que pudieran resultar de interés. Por cada click en uno de esos anuncios o enlaces patrocinados, la compañía de Mountain View ganaba dinero.


Malos tiempos para la lírica. Nuestro país atraviesa una convulsa situación económica que lo ha puesto contra las cuerdas en el terreno internacional, con esos malditos mercados acechando, pidiendo, exigiendo, obligando, recortando. Las causas a corto plazo que han propiciado esta situación las venimos comentando durante los últimos meses, pero existen otras causas más difusas y de mayor largo plazo que han jugado también un papel fundamental para que España juegue el papel de partenaire con honores en la partida de ruleta rusa a la que estamos asistiendo. Uno de estos motivos fundamentales, que viene de largo, es el grave problema que inunda la educación en este país a todos los niveles. A lo largo de este artículo trataré de echar un poco de luz sobre la verdad del sistema universitario español, rascaré un poco en las vergüenzas que lo pueblan y lo someteré a la cruda realidad de mirarse en el espejo.


Bifurcación de caminos
A veces la vida nos planta dos caminos ante nosotros.
Y no hay manera de evitar la decisión.

Comenzaré con un poco de historia personal: no soy un ingeniero informático al uso. ¿A quién pretendo engañar? En ocasiones me digo a mí mismo que adecuarse y acercarse al patrón por el que se corta la mayor parte del género de mi profesión no es tan malo. Trato de convencerme de que destacar no es lo más aceptado en esta sociedad en que nos movemos, y me animo a echar la vista atrás para tratar de reubicarme en ese lugar del que algunos dicen que no debo salir. Sin embargo, y aún no consigo comprender el verdadero por qué, todo queda en buenas intenciones que se desvanecen a las primeras de cambio por ese maldito duende que habita dentro de algunos. Ese duende que hace que siempre te estés haciendo preguntas; que te entren dudas al mismo tiempo que asienten todos los que te rodean; que protestes por encima de la voz colectiva cuando crees que algo no marcha bien. En definitiva, ese duende que te mueve, que hace que quieras conocer por ti mismo lo que la vida depara por mucho que algunas veces los consejos, incluso propios, remen en otra dirección.